¿Has visto alguna vez un gato sentado así?
Cuando los gatos se sientan de esta manera, es que están pensando. Cierran los ojos e imaginan cosas extraordinarias, cosas que ni a ti ni a mí se nos pasarían por la cabeza jamás, porque son ideas de gato. 

Yo tengo dos gatos: uno blanco que piensa todo el tiempo y otro con manchas que piensa todo el día, mientras que por la noche hace aquello que ha imaginado cuando tenía los ojos cerrados. No puedo decirte sus nombres, por respeto a su intimidad: debes saber que los escritores nunca decimos el nombre real de aquellos sobre los que escribimos, para que no se molesten. Pero como voy a hablarte del gato con manchas, vamos a decir aquí que éste se llamaría Otto.

Otto es un gato corriente a primera vista, pero lo cierto es que sus antepasados son de Tasmania, donde los gatos son muy movidos y arrasan con todo. Desde el primer momento en que le vi, supe que era de Tasmania: en menos de un minuto había trepado a la estantería, se había bañado en la taza del váter y subido a una cortina sobre la que quedó enganchado como si fuera una mosca. Yo misma tuve que bajarle de ahí.

El gato blanco no ensucia ni la casa ni su pelaje, siempre tiene aspecto inmaculado, igual que los científicos en el laboratorio. Es un gato erudito. En cambio Otto ensucia, rompe, hace ruido... sobre todo de noche, que es cuando trabaja en sus ideas.

Si quieres conocer los experimentos de Otto y sus ideas de gato, vuelve por aquí alguna vez. Puede que descubras que tú también tienes algunas ideas de gato.

Gato, loro y koala

publicado a la‎(s)‎ 19 mar. 2015 5:45 por Anca Balaj   [ actualizado el 27 sept. 2015 4:19 ]



A veces me gustaría escribir más, me encantaría poder contar aquí todo lo que un gato de Tasmania es capaz de hacer, pero tienes que saber que para mí escribir es ahora una de las tareas más difíciles, tan sólo superada por la tarea de cocinar. 

Tiempo atrás no tenía estos problemas, pero desde que vivo con Otto, las cosas se han complicado mucho en mi casa. Seguro que ahora mismo me imaginas cómodamente sentada frente al ordenador, dejando volar las palabras... ¡Error! La realidad es que, sí, estoy frente al ordenador, pero 
Otto está conmigo, subido al hombro como si fuera un loro, mientras observa todo lo que escribo y lo que no. Creo que no sabe leer todavía, pero a veces tengo dudas, porque lo observa todo con demasiada atención. Otras veces, me hago la lista y  me pongo a escribir a mano, para que no se me suba al hombro a cotillear. Funciona, es cierto, ya no se sube para observar; en cambio se engancha a mi brazo derecho, como si fuera un koala y ahí se queda hasta que acabo.

¿Tienes idea de lo difícil que es hacer la letra a con un gato de  cinco kilos rodeando tu brazo como si fuera una pulsera?

Lo importante de todo esto que te cuento es que aquí tienes las dos primeras pistas para saber si tu gato es o no es de Tasmania:

  1. Un gato de Tasmania es muchos animales al mismo tiempo: loro, koala, mono, perro, pez, ardilla, saltamontes... (por cierto ¿sabrías dibujar un animal así?)
  2. Hagas lo que hagas, un gato de Tasmania SIEMPRE está contigo; sí, en la ducha también te acompaña.

Seguiré dándote pistas aquí. Tal vez descubras que tu gato también ha venido de Tasmania.


¿Un gato de Tasmania? ¿Aquí?

publicado a la‎(s)‎ 11 feb. 2015 4:57 por Anca Balaj   [ actualizado el 27 sept. 2015 4:19 ]



Te preguntarás cómo ha podido llegar un gato de Tasmania hasta aquí. Yo también me lo he estado preguntando, sobre todo teniendo en cuenta lo pequeño que era Otto cuando apareció: tan solo contaba con tres semanas de edad. Es cierto que los gatos de tres semanas ya saben andar, pero teniendo en cuenta que Tasmania está en la otra parte del mundo y que hay océanos y continentes de por medio, la cosa sigue pareciendo misteriosa.

Tras mucho observar al pequeño Otto, he descubierto que los gatos de Tasmania tienen debilidad por las verduras y en particular por el brécol. Como te lo cuento, es ver un trozo de brécol y pierden la cabeza, ya no saben ni donde están, ni cómo se llaman, ni recuerdan las buenas maneras que hayan podido aprender de pequeños. Sin duda este conocimiento te será útil si tienes un gato de Tasmania, cuando veas que arrasa con todo y tu casa corre peligro de demolición, saca un trozo de brécol y tíraselo: el gato de Tasmania se olvidará de todo lo demás. Yo siempre tengo brécol en casa, para cuando haya emergencias de este tipo. 

Mi teoría sobre el extraordinario viaje del pequeño Otto es la siguiente: andaba él por su Tasmania natal (seguramente se trataría del salvaje oeste de Tasmania) cuando vio un barco cargado de brécoles (y puede que otras verduras) cuyo destino era España. Subió al barco, se lió a jugar entre los contenedores y... a la que se dio cuenta había aparecido en la otra parte del mundo. Esta teoría viene a ser reforzada por el hecho de que apareció en una ciudad con puerto. Lo que no me explico es cómo el barco llegó entero a puerto, la única explicación posible es que Otto estuviera entretenido con la verdura durante toooodo el viaje.


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