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Flup y los números

publicado a la‎(s)‎ 14 feb. 2016 1:38 por Anca Balaj   [ actualizado el 14 feb. 2016 1:50 ]


Cuando Flup era tan solo un pequeño monstruo tenía alergia a los números. Seguro que has conocido a alguien con esta alergia, yo misma he tenido alguna vez crisis de este tipo en mi infancia y juventud. 
El caso es que Flup vivía en un país en el que las cifras gozaban de gran consideración y campaban a sus anchas en donde les viniera en gana. Cuando menos lo esperabas, aparecían como caídos del cielo toda clase de números y obligaban al pequeño monstruo a refugiarse bajo el paraguas para evitar verse salpicado. 
De poco le servía el paraguas, de todos modos. Como te he dicho, en aquel país los números campaban a sus anchas y de pronto aparecían sobre las puertas de las casas, en las puntuaciones de los videojuegos y, el colmo de los colmos, hasta en el precio de las golosinas. El país estaba invadido por números, debido a la política permisiva que se aplicaba acerca de ellos. 
Flup hacía lo que podía para sobrevivir. En cuanto empezaba a chispear cifras, abría su paraguas y se quedaba ahí debajo, sin pestañear siquiera, hasta ver el cielo despejado de nuevo. Entonces emprendía de nuevo su camino, haciendo lo posible por olvidar la pesadilla que tenía que sufrir día sí y día también. 

Un día, en mitad de una tormenta de cifras, su paraguas no resistió más y se partió por la midad. Flup quedó al descubierto, sin ninguna protección. Presa del pánico, el pequeño monstruo se refugió en el primer edificio que encontró. 
Pero, qué mala suerte, aquel edificio era ni más ni menos que una escuela de matemáticas. ¿Sabes lo que esto quiere decir? Que tooodas las paredes estaban cubiertas de números grandes y pequeños, números de todos los colores posibles Incluso había estatuas y retratos de los números más destacados, como los Números Primos y Pi. Flup se impresionó tanto, que casi no se podía tener el pie del mareo. 
En cuanto el profesor de la escuela vio a Flup supo lo que le ocurría y se lo llevó a un aula con las paredes lisas, la única estancia de la escuela (y puede que del país) libre de números. 

— Te ayudaré —aseguró el profesor tras explicarle a Flup que se encontraba en el aula reservada para los alérgicos a los números. 

Desde ese día el profesor, un monstruo de las matemáticas (que sabía resolver cualquier suma, resta, multiplicación o división con solo una pizarra y una tiza) impartió clases particulares a Flup. Y a medida que el pequeño iba comprendiendo lo que cada número significaba, su alergia fue bajando hasta desaparecer por completo. 
Hoy en día Flup puede nombrar de carrerilla los primeros cien Números Primos, sin parar ni a respirar.